
Escribir negro no es una elección estética. Es una forma de mirar el mundo sin apartar los ojos cuando duele. Hay escritoras que eligen la luz porque es más cómoda. Yo me quedé en la sombra porque es donde están las verdades que nadie quiere decir en voz alta.
El cenicero sobre la mesa no es un símbolo. Es una compañía. El humo sube lento mientras las palabras bajan al papel, y algo en ese intercambio parece honesto. Como si la historia supiera que no la voy a traicionar.
Escribir en la oscuridad no significa escribir mal. Significa escribir sin red. Sin la tranquilidad de que al final todo se resuelve. Mis personajes no siempre sobreviven. Mis tramas no siempre se cierran. Pero siempre, siempre, dicen algo que importa.