Humo en un cenicero

Ventana nocturna con lluvia y vaso de whisky

El humo sube en espiral y desaparece. No deja rastro, no deja dirección. Solo la forma de algo que estuvo y ya no está. Así son las palabras cuando no las escribes a tiempo — se disuelven en el aire de la habitación y cuando intentas recuperarlas solo queda el olor.

Puse en marcha este blog como quien enciende un cigarrillo sin tener muy claro por qué. No para explicar nada. No para construir una plataforma ni para ganar seguidores. Para que el humo tuviera algún sitio adonde ir.

Lo efímero es la única forma de honestidad que conozco. Un libro dura. Un artículo dura. Pero una entrada de blog escrita a las dos de la mañana con la lluvia golpeando el cristal tiene esa textura frágil de las cosas que no pretenden sobrevivir. Y precisamente por eso, a veces, duran más que todo lo demás.

Humo en un cenicero. Eso es esto. Y de momento, es suficiente.

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